RETRATO DE D.NICOLÁS SALMERÓN Y ALONSO


La herencia de D. Nicolás Salmerón es su pensamiento. Defensor a ultranza de la dignidad humana, no supo vencerse por el poder, convirtiéndose en uno de los políticos abolicionistas de la pena de muerte más importantes de nuestra historia. Supo revindicar la libertad de prensa, promovió una democracia sin ataduras, verdaderamente representativa, abogó por la vertebración de una España que respetase sus singularidades y creyó en una escuela laica que dotase a los ciudadanos y ciudadanas de una educación y una cultura que les permitiera el pleno ejercicio de sus derechos. Creyó, en definitiva, que la razón y la ética debían estar estrechamente unidas, que no hay ciencia sin conciencia y que, por encima de los ideales de los partidos, estaba un ideal mayor: la humanidad. Por ello, estamos obligados a alimentar cada día la llama encendida de su memoria.

La portada del Diario Universal, publicada en febrero de 1904, dedicada al aniversario de la República Española, se ilustra con un dibujo de D. Nicolás Salmerón y Alonso. Es un retrato a plumilla que representa a nuestro personaje de pie, con el brazo izquierdo apoyado sobre unos libros que descansan en una mesa. La mano derecha dentro del pantalón. Se adivina la cadena de un reloj de bolsillo. Seguramente, este fue el motivo que inspiró al pintor José Díaz Molina para realizar, cinco años más tarde, el famoso retrato que se encuentra en el Ayuntamiento de Almería y que nos muestra a D. Nicolás en la misma actitud, pero más joven, con la frente despejada y con la cara cubierta por una espesa y canosa barba. La mano libre, la mano izquierda, cae leve y venosa. La mano derecha, recatada, en una expresión de desuso, tal vez simbolizando aquel acto de recto proceder que le valió su renuncia a la presidencia del gobierno al negarse a firmar una sentencia de muerte. Ambos retratos han inspirado el poema con el que rindo homenaje a nuestro más ilustre paisano.

No hay pasión que altere su mirada

Inteligente, ni las sombras ni la amargura.

Contiene la razón inalterable de quien no teme

Olas embravecidas, enemigas mordeduras.

La vida, su vida, un solo ideal la sostiene.

Amable el rostro que a la humanidad mira,

Sosegado, libre de ataduras.

Solo mira, sabia e íntegra figura.

Acaso la luz del lienzo disipa,

Levemente, su fuerza y su estatura.

Mientras el pintor su carácter adivina,

El, imagina la España de sus sueños.

Recatada la mano, detiene la suerte

Ordenada de quitar la vida. Y se convierte,

Noble el pulso y el latido, en su propio dueño.

Atardece y huele a naranjos en la huerta,

Lejos el mar y las dunas,

Olas de hierba que el viento mece.

Ni el exilo sofoca esta cordura,

Silentes las horas en una extraña tierra,

Ocaso tal vez, más siempre la razón y la ternura.

Comentarios

ZEBDA ha dicho que…
Gracias por recordar a tan gran personaje!!

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